ORIGENES DEL ALBUR MEXICANO
LAS PULCATAS
LAS TRADICIONALES PULQUERÍAS
Sin duda alguna uno de los lugares donde más se dio
la picardía y el albur en México fué en las
pulquerías, también conocidas como "pulcatas."
Lo que sigue a continuación es una copia de una remembranza
de las pulquerías de Puebla escrita por Juan López
Cervantes. Reproducimos aquí esta remembranza debido a que
la página original donde se encontraba no funciona por exceso
de ancho de banda (dan ganas de reclamar.) Consideramos que es importante
guardar para la posteridad relatos y documentos como el que escribe
don Juan López, por lo que pedimos disculpas al autor por
no haber pedido permiso, eso si.
EL PULQUE.
Don Juan López Cervantes
Juan López Cervantes, edad 75 años, vecino de la
ciudad de Puebla, con más de cincuenta años de vivir
en el barrio de Analco, un barrio de los más tradicionales
de aquí de la ciudad de Puebla. Yo quisiera colaborar con
un granito de arena, tocando uno de los puntos importantes que era
donde se divertía la gente del pueblo, la gente de las más
humildes y algunas de clase media, teniendo en cuenta que México
siempre fue un país agrícola y que el cultivo del
pulque era una cosa barata y que era lo más extendido porque
no había tantos productos de otra índole para alegrarnos,
según nosotros, después del trabajo de la jornada.
Entonces los puntos de reunión en los barrios y en la ciudad
eran las pulquerías.
LOS DE ABAJO
Yo voy a referirme a dos cosas, primero, Puebla allá por
los años veinte, treinta, cuarenta era una ciudad industrial,
pero a la vez agrícola porque había muchas zonas agrícolas
alrededor de la ciudad. Entonces los que consumían el pulque
eran los trabajadores, concretamente los ferrocarrileros y en las
fábricas, donde había mucha gente, era una cosa hermosa.
Amanecer los días era un concierto de silbatos de las fábricas
llamando a sus trabajadores, cosas que desgraciadamente Puebla dejó
perder, después de ser una ciudad tan industrial, textil,
la primera en la república mexicana, porque aquí nació
la industria textil con don Esteban de Antuñano, entonces
Puebla era eminentemente textil, o sea que la economía y
la fuerza de trabajo se hallaba en las fábricas textiles
y en los transportes como los ferrocarriles. Así eran los
ferrocarriles de importantes, era terminal, había Casa Redonda,
había Ferrocarril Interoceánico, Ferrocarril Mexicano,
el Mexicano del Sur, donde convergían las diferentes rutas
para Veracruz, para Oaxaca, para diferentes partes de la república.
Esto viene a cuento porque las gentes que trabajan en esos centros,
era gente trabajadora que no tenía mucho para gastar y que
se alegraba, entre comillas, en el pulque. Por eso quiero referirme
a las pulquerías como punto de reunión, eran unos
establecimientos que consumían del mejor pulque que venían
del estado de Tlaxcala, de Puebla inclusive de Hidalgo.
LAS PULCATAS.
Para hacer una especie de cronología –o no sé
cómo se le llamaría-, alrededor de las estaciones
había muchas pulquerías, lo que a mí me llamó
siempre la atención, desde chamaco, fueron los nombres que
tenían esos establecimientos. Era por ejemplo, allá
en la 11 y la 10, había una pulquería que se llamaba
La Sangre Manda, había La Rielera, había El Pueblo
Feliz, en la 9 norte y 8 poniente; estaba La Traviesa, en la 9 norte
y 6 poniente; Juega el Gallo, en la 5 norte; por ahí estaba
el Farolito, lo que después fue el Farolazo, pero primero
fue El Farolito, que estaba enfrente de la plaza de la Victoria;
La Mera Penca, que después se llamó la Gran Penca
y se pasó para allá entre la 8 y la 6; estaba La Gloria,
que era una pequeña pulquería que después,
al agrandarse, se llamó La Gloriosa, y así podría
yo seguir enumerando cantidad de pulquerías en donde se reunía
la gente, la más trabajadora y donde se juntaban los “mecapaleros”.
Los mecapaleros eran las personas que se dedicaban a cargar los
bultos, las canastas en los centros de abasto, como era la Victoria,
que era el polo económico en cuestión de verduras
y productos del campo. Entonces estaba ahí La Dama de las
Camelias, estaba La Raza, estaba El Popo, El Coco, La Chiquita,
Los Sueños de Baco, Voy con Fuerza que es de las pocas pulquerías
que existen, está en la 14 y la 5 Norte, ahí todavía
existe la pulquería. Estaba Acapulco, Rincón Brujo
en el barrio del Refugio, después viene El Sabrosón,
Ahí está el Detalle, yendo a San Alfonso, sobre la
18 Poniente y 9 Norte.
EL RESPETABLE.
Entonces, esas pulquerías se nutrían de la gente
de los mercados, de los obreros que había alrededor de esos
rumbos, porque ahí había muchas fábricas textiles
como La Tatiana, La Leonesa, Angélica, La Moderna, muchas
fábricas textiles que daban mucho trabajo a mucha gente y
por eso ahí se reunían las gentes a descansar un rato
y, claro, como siempre, había quien se excedía, pero
entonces no había “win”, no había alcoholes
de otro tipo mas que había pulque. Sí había
unas cosas que se llamaba el “caliente”, había
una vinatería que se llamaba La Industria, y ahí vendían
un alcohol al que revolvían una piedra llamada alumbre, y
eso hacía que la persona que lo consumía se le hincharan
sus pies, por eso entre la gente pobre de nosotros le llamábamos
a esa cantina vinatería, le llamábamos el “Cementerio
de los Elefantes”. Esa estaba en la 16 poniente y 5 norte.
Apenas hace poco tiempo la acaban de quitar, todavía existía.
Había otra que se llamaba la Cámara de Gases. Esos
eran los nombrecitos folclóricos que salían del pueblo,
no salían de nadie más, y aparte de que ahí
se juntaban los dirigentes y los líderes de aquel tiempo,
porque debo de enterar que los principales introductores de pulque
son gente connotadas que ahora ya son millonarios, uno de ellos
fue Luis Flores, otro señor fue Reyes Huerta, ahí
comenzó a hacer sus dineros. Ellos fueron trabajadores de
una introductora mayor que se llamaba La Ñora, tenía
su encierro en la 34 poniente y 9 norte. Fueron sus jacareros y
ayudantes en el transporte y en el manejo del pulque y después
se volvieron ellos distribuidores. Luis Flores fue después
dueño de una cantidad de terrenos enorme, ahí donde
ahora es Abastos, el Rancho del Conde era de Luis Flores. Y se hizo
multimillonario. Y qué decir de Reyes Huerta, que gracias
al pulque hizo su fortuna y de ahí...
CALIDADES.
También en los pulques había clases, había
pulque pulque, pulque fino, que era de maguey manso, que era un
magueyzote grandotote, era el mejor pulque, se decía que
le faltaba un grado para ser carne, nomás le faltaba el hueso,
y luego había pulques corrientes que eran de maguey corriente,
que esos por lo regular se daban aquí alrededor de la ciudad.
Lo que diferenciaban a unos con otros, era que el pulque bueno,
el bueno-bueno, no hacía mal al estómago, era una
cosa buena; en cambio el otro que le decían “choco”,
entre los peladitos le decíamos el choco, ese pulque era
de maguey corriente y hacía muchas veces daño al estómago,
le soltaba a uno el estómago. Por eso en las pulquerías
decía: pulques finos de Nanacamilpa, o pulques finos de Apan,
de Atayangas (sic), que eran los pulques muy finos, los de Tlaxcala,
pulques de maguey manso, un maguey que hasta se veía azul.
Y los introductores, como siempre, revolvían uno con otro
para que no sintiera uno feo, pero en eso se diferenciaban los pulques.
LOS CURADOS.
Los pulques curados son como el aderezo que se le pone a la comida
o como cuando una mujer se pone guapa para verse bien. Así
pasa con el pulque, para que les sepa a los paladares exquisitos
que no les gustaba el sabor del pulque, pues lo curaban. Había
de mango, de huevo, de arroz, de camote, de piña, de tuna,
el más famoso, era un pulque muy famoso que se tomaba casi
excepcionalmente en la fiesta de Corpus el pulque de tuna. En su
confección se usaba almíbar de tuna, y tenía
sus compuestos, algunos le echaban piñón o le echaban
cacahuate, rebanadas de plátano macho, entonces eso era el
pulque curado de tuna, había de apio. Esos son los que se
llaman curados. Después, ya con la degradación de
los pulques, había unos que se llamaban curados pero no eran
curados, eran licuados, ¿Por qué licuados? Bueno,
yo hablo porque yo los tomé, yo los consumí. El curado
nomás lo metían a la licuadora la fruta, le echaban
el pulque, le ponían azúcar, los menjurjes que nunca
les faltan y fermentaba el pulque. Por eso dolía la cabeza
con ese pulque, como llevaba azúcar, más el azúcar
de la fruta, pues siempre se subía más y hacía
más daño. Pero esos eran licuados. Pero el verdadero
pulque curado era otra técnica. Había fruta que se
maceraba, se exprimía y se colaba, y se le echaban también
sus menjurjes, algunos llevaban leche, como el de piñón.
Eran pulques que eran muy pesados para la digestión, porque
llevaban cosas de mucho peso alimenticio. Esos eran los curados.
Así que aquí hacemos la aclaración: uno es
curado y el otro es licuado.
MITOS DEL PULQUE.
El famoso muñequito. El pulque, para acelerar su proceso
de fermentación, le echaban babilla de nopal, del corazón
del nopal o de la misma penca para que fermentara. Y de ahí
vino el mito de que le echaban una muñeca de excremento,
que le echaban un calcetín calcetero, no, no. Lo que pasa
es eso, aceleraban la fermentación del pulque, porque mientras
no fermenta el pulque le hace a usted daño, es como si tomara
usted aguamiel, y eso los conocedores lo sabían luego, luego:
este pulque está delgado.” “Este está
bautizado”, y cosas así, pero no es que haya habido
muñequitos. Claro que tampoco eran muy limpios, que digamos.
Así como venía, con las manos como las traían:
no era muy limpio, nunca fue limpio, para qué vamos a hablar
de lo que no es. Vamos a hablar lo que es sincero. Pero todo mundo
lo tomaba así, claro que si se pasaba uno le hacía
daño. Inclusive llegaba el caso de algunos facultativos,
algunos médicos, a recetarles a las señoras que estaban
en estado de embarazo que se tomaran su pulque, o a las que estaban
lactando, que se tomaran pulque para que los niños tuvieran
suficiente alimento. Ese puede ser otro mito.
LOS EDIFICIOS.
Había pulquerías en el centro donde se juntaba gente
demás recursos, pero la gente verdaderamente pudiente mandaba
a sus criados a traer el pulque, tomaban pero no les gustaba juntarse
con la raza. Entre esas pulquerías estaba El Gran Salón,
La Giralda, pulquerías que eran todo un espectáculo
ver sus locales, con grandes lunas venecianas, auténticas
venecianas, con pinturas no murales, porque eran pinturas de aceite,
pero los señores que pintaban las pulquerías eran
verdaderos artistas, ignorados. Yo recuerdo de entre esos murales
había uno con la leyenda del Popocatépetl, con el
Iztacihuatl convertido en mujer, y un hombre que era el Popocatépetl,
llorando supuestamente. Y estaba en la calle. Otro de los que me
acuerdo, en alguna de las pulquerías, creo que en El Detalle
y la India Bonita, había réplicas de algunas pinturas
de Arrieta. Una de ellas, se trata de que en una mesa están
jugando el “Rentoy”, descalzos, y por debajo de la mesa
le está pasando unas cartas al compañero, con los
dedos de los pies. Ese cuadro es real, lo hizo uno de los pintores
más famosos de la ciudad de Puebla, de Arrieta. La réplica
era con pintura de aceite pero muy bien combinada.
El “Rentoy” un juego de cartas que se jugaba con la
baraja española que era común entre la gente pobre
–por decirlo de alguna manera-, donde cada carta tenía
una seña. El que jugaba Rentoy debía de tener una
facilidad mental y una vista de lince, porque sacaba tantitito la
punta de la lengua, y el compañero, porque se jugaba por
pareja, debía entenderla señal de que tenía
un juego grande que se llamaba “borrego”; luego venía
el Pablo, La Malilla, tenía sus diferentes denominaciones
y todo a base en señas que el compañero le transmitía
al otro compañero para saber qué cartas tenía
para poder conformar el juego. Por eso los otros, los rivales, estaban
abusados a ver qué señas hacían. Eso era lo
interesante de ese juego. Estaba el rey, nomás hacía
uno las cejas para arriba y significaba que tenía corona,
“tengo el rey”, la jota movía el hombro, en otro
movían la nariz. Por eso era simpático ese juego,
era muy bonito y se pasaba el tiempo así, ingiriendo pulque.
Ese juego se jugaba casi en todas las pulquerías.
UNIÓN DE BARRIOS.
Hasta eso se ha estado perdiendo, porque las pulquerías
tenían vitrales, emplomados. Ahora todo eso ya se perdió
con la modernidad, todo recto, todo cuadrado, como cajón
y sin ninguna gracia, ningún arte, eso ya se perdió.
Eso fue una pérdida para nuestro pueblo porque, los pueblos
indígenas –nada tengo contra los españoles,
porque después de todo somos una fusión de las dos
razas y todos cooperamos con nuestras respectivas cosas y enriquecieron
una cultura que no existía en España. Por eso Puebla
es tan extraordinaria. No es española, y los que dicen que
es española, mienten. No es española, nuestra ciudad
es especial, es mestiza, donde se fusionan las dos culturas. Y eso
lo vemos hasta en las iglesias, donde vemos angelitos con facciones
indígenas y eso forma parte de la gente que vivió
acá. Ahora se ha venido sabiendo que Puebla no era un terreno
baldío, como nos enseñaron. Hubo aquí asentamientos
que dejaron cultura. Y claro, una cultura hasta cierto punto inferior
porque los españoles trajeron el uso de la pólvora,
el fierro, la rueda, que nosotros no conocíamos. De eso sí
estoy consciente que vino de allende de los mares, pero también
nosotros pusimos nuestro granito de arena para ser lo que ahora
somos. Yo verdaderamente ahora que ya soy viejo, siento tristeza
cuando veo que están derrumbando una casa. Como ahorita allá
en Analco que está, según ellos, remodelando casas.
Están tirando lo de adentro y nomás el puro cascarón
están dejando afuera. Verdaderamente, no sé, yo entiendo
que las gentes que cuidan de nuestro acervo cultural, monumental,
pues otorgan con muchas facilidades las licencias para que hagan
las obras. Antiguamente había un señor Castro, que
era del INAH, y para el que quisiera abrir una ventanita o abrir
más ancha una puerta de una casa antigua, tenía que
llevar un bosquejo, un dibujo donde constara lo que iba a hacer,
la fisonomía, el entorno de lo que iban a hacer; ahora nomás
vea usted, ahorita precisamente hay una casa muy bonita en la calle
del Callejón del Muerto, ahí en la 12 Sur, esa casa
es histórica porque es del siglo XVII, hay una urna con una
cruz de piedra. Ahí tiene el letrero del INAH, pero por lo
menos, lo que debían hacer es decirle al barrio: “saben
qué, van a remodelar esto, le van a hacer esto y aquello”,
pero sólo ellos saben. Y eso, pues, no se vale. Pierde el
sentido todo. La mancha urbana se está comiendo a lo que
es monumental.
Soy presidente de la Unión de Barrios. Nomás que,
mire usted. Tiene uno que ser honesto. Nuestra organización
fue contestataria, era de mucho empuje porque se prestaban las circunstancias,
cuando fue lo del Megaproyecto. Ahora las estrategias ya cambiaron,
ahora tenemos que dedicarnos más al fondo, de ir cuidado
lo poco que nos queda, y entonces ahí es donde nosotros enfocamos
nuestros esfuerzos. Por ejemplo, en Analco, tenemos un horno moderno,
bueno, entre comillas, no es tecnología de punta, pero ya
no es de leña, o tenemos de los dos: de gas y de leña.
Ahora estamos comenzando a trabajar barnices que no contengan grietas,
o sea plomo, porque usted sabe que uno de los motivos por que las
puertas de Estados Unidos se cerraron a la alfarería de México,
fue precisamente el plomo que contenía el decorado de las
cazuelas, de las vasijas, de las ollas. Si por eso fuera ya tendríamos
cáncer todos los mexicanos. ¡Toda la vida! Cuando destruyeron
ahí en el Estanque de los Pescaditos y sacaron los hornos,
encontraron muchos cacharros que tenían decoraciones de plomo,
y son del siglo antepasado. Pero bueno, como los gringos están
hechos de azúcar, no pueden comer con eso porque les da cáncer.
Entonces nosotros tenemos que ir viendo y adaptando poco a poco
a las circunstancias. Imagine que es una industria que tiene cientos
de años en la calle de el Carrillo en la Luz, que fue el
centro alfarero más grande del país. Inclusive se
exportaban a Manila los jarros y las cazuelas que se hacían
allí. Todo eso se está perdiendo. Pero, nosotros,
queriendo preservar eso, queremos adaptarnos al medio. Por eso estamos
trabajando en lograr una alfarería que no tenga plomo. Afortunadamente
ya en México se produce un barniz y transparente, con mucha
calidad, que aguanta la cocción y que no contiene plomo-
Hay algunas instituciones universitarias que están trabajando
muy fuerte en ese aspecto, una de ellas es la UNAM, Xochimilco,
la Metropolitana en México y también la de Azcapotzalco,
están trabajando en sus laboratorios y se está logrando
algo.
Después de cinco años que vamos a cumplir trabajando
en el horno, pues ya le encontramos sus mañas, como decimos
entre nosotros. Ya sabemos qué es bueno para el horno ¡huy!
que no es bueno. Ahora sí puedo decir con toda certeza que
se puede hacer en un día lo que antes llevaba ocho días.
Y lo que dijeron los que nos hicieron el horno, de que podíamos
quemar hasta tres veces al día, pues, sí, se puede
quemar pero no descargar. El día que lo intentamos nos tronó
nomás con el puro aire la loza, porque como sube hasta al
rojo vivo, como si fuera metal, se pone rojo el barro, porque sube
un poco más arriba de los 700 grados de calor, sí
tiene su chistecito, pero nosotros hemos tenido que ir encontrándole.
Gracias a Dios, podemos decir que está funcionando el horno.
Nosotros no tenemos patrón. A nosotros nos habló
Segusino. Dijimos ¿por qué no? Nos invitó a
sus naves que tiene allá en Chipilo y sí, nos daba
material, los barros, porque son unos barros especiales (ora sí
que no cualquier barro hace jarro ¿no?), nos proporcionaba
herramientas, nos proporcionaba hornos, nos daba diseños
–según él, modernos, de los que se han fusilado
donde quiera. Es la verdad, yo no creo que me vayan a demandar por
eso, pero...yo fui- y hasta dinero para que nosotros nos pudiéramos
movilizar. El problema era que nos iba a comprar toda la producción
que nosotros hiciéramos, pero él era quien iba a determinar
los precios. Ahí fue donde a nosotros no nos convino. Porque
si yo hago, por ejemplo, un jarro, ahí digo que este jarro
vale un peso. El material que le metí, el tiempo que se llevó
y mi habilidad manual. Y ese señor, con gentes que no estaban
tan avanzadas, porque tenía muchos alfareros, y muchos carpinteros,
muchos artesanos a quienes estaba explotando, pero eso ya no siguió,
ahora él está de Jefe de Economía, Zaraín.
Entonces yo le dije: “sabe qué, usted lo que quiere
es tener mano calificada sin que le cueste, sin ninguna ventaja,
ni seguro social ni nada.”
Ahora nosotros producimos en cantidad piezas de barro negro, que
no es barro, sino barniz horneado, como candeleros y sahumerios.
Hay un mercado, el de Sonora, que es donde están los mayoristas
y es ahí donde nos compran nuestra producción, porque
ya al “centaveo”, como decimos nosotros, ya no conviene.
Claro, también hacemos ollas, hacemos jarros, hacemos vasijas
de ese tipo, pero esas vasijas... pues sí convienen y no
convienen ¿Por qué? porque no como quiera salen. La
mayoría compra plástico o peltre o cosas de esas.
Y por ejemplo, una campana vale setecientos, ochocientos pesos,
ya no como quiera los sueltan, esas son cantidades grandes. Y nosotros
tenemos que comer todos los días. Entonces nuestra loza le
sale barata.
Ahora nosotros en Analco estamos tratando de hacer piezas exclusivas:
jarrones, floreros, maceteros con cierta calidad artesanal, para
que una pieza que nos cuesta cinco pesos la podamos vender a cien
o doscientos pesos. Y ahí nos conviene a nosotros, menos
y trabajo, menos material y es ahí donde se motiva la inventiva
de cada uno. Sin falsa modestia yo ya soy viejo, estoy pensionado
por una fábrica, entonces yo soy gente de pocos gastos, conque
tenga para comer, para vestir, aunque sea modestamente, es lo que
necesito. No sigo que me alcance con eso, tenemos nuestras busquitas,
nuestras ayuditas, pero nos las vamos pasando.
Lo que yo he querido siempre es incentivo a los jóvenes.
Que aprendan. Allá en mi barrio donde son medio bravos, los
muchachos son muy creativos, hacen calaveras, hacen figura y media.
Yo les dejo manos libres. Y lo que hacen que se lo lleven, que sepan
lo que pueden hacer ellos con sus manos. Claro que para eso se necesitaba
un capital para organizarlo bien. Nosotros, como tuvimos que pagar
ese apoyo que se nos dio, pues apenas estamos saliendo. Los que
estamos trabajando ganamos algo, pagamos renta, pagamos luz y todos
nuestros gastos, y de ahí ha tenido que salir. Afortunadamente
ya nomás debemos tres mil pesos.
Ese es nuestro trabajo en la Unión de Barrios, tratar de
conservar nuestras tradiciones. Teníamos un proyecto hermoso,
pero bueno, donde intervienen los políticos ya se sabe que
lo echan a perder. Se trataba de una escuela de artesanía,
donde se iba impartir por auténticos maestros artesanos clases
de vidrio para vitrales, emplomado, gente que trabaja la madera,
ahorita en Analco hay un “boom” de muebles rústicos,
a donde yo me he metido a aconsejarles una cosa: que le den calidad.
Aunque sean rústicos, que le den calidad, que los espiguen,
que los trabajen para que sean para durar, no sólo para vender,
sobre todo que la madera es de la corriente. Los hornos de pan.
Analco allá en sus tiempos se llamó la universidad
de los panaderos. De Analco salió la famosa cemita poblana,
de allí salieron los borrachitos, que se llaman, envinados;
de allí salieron lo que ya se está perdiendo: los
pambazos, los cocoles, los colorados, los raspabuches, que se hace
con salvado y piloncillo; eso se come con arroz con leche y es la
cosa más exquisita, es un manjar que se ha perdido y las
nuevas generaciones no los conocen. Todavía hay algunos hornos
donde se trabaja ese tipo de pan al estilo antiguo. Entonces eso
forma parte de nuestro trabajo como Unión de Barrios:
La Unión de Barrios nació para la preservación
de nuestras raíces. Entonces a mi no se me quita la idea
de que ese proyecto de la escuela es algo que todavía lo
podemos hacer, sería auto sustentable. Porque, por ejemplo,
tenemos gente que vaya a aprender a hacer las cemitas o cualquier
tipo de panes, pues ahí mismo se puede vender. Esa es la
idea. Lo hermoso de este proyecto es que pensamos que sea auto sustentable.
Tenemos a los maestros que están más que dispuestos
a ir a dar clases. “Cómo no –dicen-, nosotros
vamos ahí a enseñar a la gente cómo se trabaja
el vidrio, cómo se graba,. cómo se bisela...”
Obras de arte, obras de arte todavía salen de Analco en cuestión
de vidrio. Teníamos a don Mariano López que por desgracia
ya falleció. Ese señor hizo altares nomás para
Jerusalén nomás. En Jerusalén hay un altar
para la virgen de Guadalupe que lo hicieron acá y lo fueron
a armar allá. ¿Usted cree que no sienta yo orgullo?
Yo no soy poblano, yo nací en el estado de Hidalgo, nomás
que me trajeron muy pequeño, crecí, me hice adolescente,
hombre y ahora ya me van a enterrar aquí en mi Puebla, porque
soy poblano, me volví poblano. Y yo creo que quiero a Puebla
como si fuera mi tierra. Por eso me enojo mucho cuando la destruyen,
cuando la “ningunean”. Siento que aquí en Puebla,
en vez de andar trayendo ahí tantos proyectos “maravillosos”,
que dejaron Analco como si ahí hubiera sido la guerra de
Kosovo, puras casonas deshabitadas, llenas de alimañas. Ahorita
con ese señor Marín, que le dieron una lana para recuperar
los barrios, lo que hizo fue darle una manita de gato, la mandó
a pintar, mandó tapiar donde estaban los zaguanes derruidos,
pero por dentro sigue igual. Y a nosotros nos hace falta, yo estoy
oyendo que hacen falta lugares para estacionamiento, pues en esas
casas puede haber, hay espacios cerca de... del cómo se llama,
de ese cajón que hicieron... el de Convenciones, que de veras.
Yo conceptué que ese señor Bartlett era muy capaz,
muy bueno, porque había sido secretario de Gobernación
aunque se le cayó su sistema, pero bueno, fueron gajes del
oficio; después fue secretario de educación ¡a
nivel nacional! Dije, no, pues si va a venir de gobernador, Puebla
se va a ir pa arriba Y qué le dio. Le dio en la torre, la
destruyó. Todos los barrios los destruyó completamente:
talleres, viviendas, fábricas, todo. Y él con su proyecto
nos vino a destruir. ¿Y qué nos dio en cambio? Un
cajón volteado al revés sin ninguna gracia, ningún
arte, ninguna nada. Lo único fue un poquito de talavera para
que no dijeran que no había talavera en Puebla. Él,
que tuvo oportunidad de andar en muchos lugares del mundo, que es
una persona cultivada, hubiera escogido lo mejor. No es que no lo
quiera, pero cómo lo voy a querer si vino a destruir nuestra
ciudad.
Va a llegar el momento en que Puebla ni va a ser poblana ni va
a ser remedo de ninguna cosa, ni siquiera de los Estados Unidos.
Yo no sé. ¿No es un desperdicio? ¿No es para
indignarse? ¿No es para morirse de coraje? Y nuestras gentes...
pues todos se echaron a correr, los hornos ya no existen, los pocos
necios que quieren vivirlo aquí siguen, porque todavía
hay algunas gentes como yo, pero la mayoría se fue a los
INFONAVIT, a Fuentes de San Sebastián, a Bosques de San Bartolo,
a Agua Santa. En todas partes hay gentes. Y lo curioso es que, cada
vez que hay fiesta en Analco, bajan todos a “su barrio”,
a la fiesta. Eso es lo que queremos conservar en la Unión
de Barrios, los pocos que hemos quedado. México necesita
que trabajemos, que produzcamos, que de lo que se haya perdido,
hay que irse para atrás y que comencemos, porque si no cuándo,
vamos seguir miserables. Eso es lo que a mí me mueve. Yo
tengo hijos, tengo unos diez hijos y me dicen: “jefe para
qué le hace, déjalo, nosotros ya tenemos de qué
vivir, somos trabajadores, para qué te afanas, te cansas,
no recibes un quinto, no duermes y todo de gorrita café.
Hasta que un día te vayan a dar una golpiza. Ya deja eso.”
Respondo: el día que yo deje de ser lo que soy, mejor ya
échenme la tierra encima. Yo nací así, tengo
75 años y así pienso morir.