Liberación
Ya no podía oler el fétido hedor que lo rodeaba. Le parecía
que siempre había estado ahí, aunque antes lo disfrutaba como
un suave perfume.
Sus zapatos se habían salpicado varias veces de barro, aunque ya no
se notaba. Estaban realmente gastados.
Tomó su pañuelo y secó sus lágrimas. Serían
las últimas que derramaría en ese lugar.
El paisaje era el mismo de siempre, sin embargo le parecía muy distinto.
Su día había sido terrible. La angustia lo había rodeado
nuevamente. El sentimiento de desprecio lo invadía.
Lo único que le daba fortaleza era que ya no vería nunca más
ese lugar, que alguna vez le había parecido un paraíso.
Ni si quiera los ojos azules que alguna vez lo habían ilusionado pudieron
retenerlo. Tampoco las pocas frases francas que había escuchado en el
día.
Tomo el papel de la impresora y lo firmó. Mil veces había soñado
con ese momento. Se levantó de su asiento y se dirigió por última
vez a la oficina de su jefe. Sobre su prolija carpeta azul, dejó su
renuncia.
Cuando tomó el ascensor aflojó su corbata y por fin se sintió liberado
por completo.