Espera
Detrás
de las paredes, sentado junto a sucios macetones, observando los mismos manchones.
La visión nublada, con dolores abdominales lo obligaban a estar sentado.
Sus piernas habían perdido la fortaleza de ayer, su cara parecía
un mapa con un millón de rutas.
Sus ojos trataban de contener los océanos de lágrimas que pugnaban
por demolerlo.
Su mirada ahora flotaba sobre el cuerpo que yacía sobre los antiguos
baldosones.
El olor comenzaba a causarle náuseas. Había pensado en llamar
para que se lleven sus restos, pero cuando estuvo frente al teléfono
no pudo hacerlo.
Todos los días repetía la misma escena. Sentado solo, vacío
de objetivos, esperando que pase la vida.
Lejos habían quedado sus días de pasión y una vida llena
de alegrías.
Hacía tiempo que había empezado a recorrer el camino de su
muerte, aunque no se había enterado, hasta ese día.
Sacó las pastillas que estaban en su bolsillo y decidió que
era hora de dejar de observar a su mujer dormida y acompañarla en
su viaje.