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MARTIN PESCADOR GRANDE:
Hacía tiempo que andaba con ganas de sacarle fotos a una Matraca, pero
son muy ariscos y dificiles de acercarceles. Una tarde caminando por
el Arroyo junto a mi señora, Maunel Viollaz y su hija, observamos que
nos sobrevolaba un ejemplar emitiendo su grito característico que parece
una matraca,de ahí su nombre vulgar, sin alejarse demasiado del lugar
en donde nos encontrábamos. Comenzamos a sospechar que debería tener
el nido cerca y empezamos a buscar en las barrancas. Manuel lo descubrió,estaba
a unos 80 cm.del nivel del agua y unos 40 cm por debajo de la parte
superior de la barranca. Grande fue nuestra sorpresa cuando al meter
una varita de chilca para medir la profundidad de la excavación, comenzaron
a llegarnos los ruidos que hacían por lo menos 4 pichones. Era sorprendente
el efecto sonoro que producía el sonido al atravesar los 120 cm
de profundidad del nido. Inmediatamente, nos pusimos a construir un
refugio en la ribera opuesta, debajo de un espinillo.Yo me quedé esperando
solo y a la tardecita apareció uno de los padres con lo que parecía
ser un sabalito en el pico.Si bien mi escondite era bueno, la Matraca
desconfió de mí y no entró al nido, por lo que después de tomarle un
par de fotos, lo dejé tranquilo para que pudiera alimentar a sus pichones.
A la mañana siguiente
muy temprano me aposté nuevamente en el refugio, esta vez mejorado con
una tela verde y acompañado por el mate amargo, pude hacer unas buenas
tomas a unos 14 metros de distancia. El ruido que hacían los pichones
cuando sentían la presencia de sus padres,era a la vez sorprendente
y maravilloso.
Tenía pensado seguir
ese nido hasta que los pichones lo abandonaran. Lamentablemente, esa
noche comenzó a llover en forma torrencial por dos días seguidos. Cuando
los caminos al campo se secaron un poco y dieron paso, me fui a ver
que había pasado. Al verle la cara a Manuel ya adiviné el final de esta
historia. El arroyo crecio por más de un metro encima de su nivel, inundando
la cueva del nido y ahogando a los pichones. Estuve observando por algún
tiempo por si habia signos de vida, pero no se escuchaba nada dentro
del nido. Los padres gritaban a lo lejos y desde ese día no los volví
a ver más .
Como reflexión mientras
contemplaba el nido silencioso, pensaba que si bien el arroyo fue el
responsable de la vida de estos pichones,también fue el mismo
que les proveyo de alimentos necesarios para su subsistencia.
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